
Ayer me dibujé uno de nuestros encuentros. Estabas tú, sentado frente a la playa otra vez, con los labios estirados para una sonrisa, la mirada profunda y tus manos tocándome. Me inventé que estabas aquí y que no importaba tu ausencia, ni el desamor de un amor sin límites enclaustrado en mis ojos; porque yo sabía inventarte. Y te inventé ayer, en un momento urgente y oportuno. Caminé hacia la playa con el sueño a mis espaldas y me senté allí para explorarte.
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