25 jul 2013

La vez de mi diablo

Ayer tuve un encuentro con mi diablo, y no me gustó.   Me levanté calma, pero con un ligero sentido de que no estaba dispuesta a permitir que nada interfiriera en esa calma, y eso de “no estar dispuesta a permitir” quiere decir muchas cosas, créanme.  Quiere decir que sacrificaría hasta mi calma para evitar que me quitaran la calma, parece absurdo, lo sé, es así este diablo dentro de mí,  irónico, contradictorio y cree que lo sabe todo.   

 El trabajo variado y no siempre referente al hogar que tengo en casa, me ha hecho declararme seriamente estresada.  Y cuando lo digo invito amablemente a mi diablo a tomar pose de mis pensamientos.  Me vengo declarando estresada desde hace algún tiempo. Y ayer tuve una de esas recaídas de  las que hablé anteriormente, de las que después no consigo creerme capaz de levantarme.  Me creí calma y me encontré con las artimañas que la vida nos coloca.  Alguien me habló sin deseos de hablarme, sintiéndose quizá obligada a eso, porque extrañamente yo me sentía igual, y ahora recuerdo la teoría cuántica de que todos estamos conectados.   De alguna manera dos semejantes se encontraron en un determinado punto de ebullición que terminó por erupcionar.  No recuerdo exactamente las palabras que desataron las incontrolables mías, pero de que fueron saliendo una a una, y cada vez más intensas, aconteció.  No quiero recordar lo que me fue dicho, y sí lo que yo dije, para sentirme culpable, porque ahora este diablo traicionero me quiere castigar culpándome a mí de todo.  Sí, él dijo muchas cosas, y yo también.  Pero la manera en que lo dije, fue él que lo controló.  

Puedo confesar que esa persona es tan diferente de mí que me irrita y tiene otras cosas tan exactas de mí que me irrita aún más.  Puedo decir que cuando es diferente parece que estuviese luchando para no parecerse a mí, y cuando no lo es, parece que estuviese imitándome.  Es como si yo considerase que esa persona simplemente no existe y se inventa cada día, usándome a mí como referencia.  Se imaginan lo arrogante y egocéntrico que es este diablo dentro de mí para tener semejante opinión!  No quiero entrar en detalles con las características de esta persona, porque no me siento  apta para juzgar, debe ser el hecho de que estoy aquí no para juzgar a otros sino a mí, o no a mí, sino a mi diablo, o quien sabe, aprender a no juzgarlo más a él también.     Lo cierto es que hasta ahora no consigo olvidar esa odiosa discusión.  Y la manera como se me cruzan las imágenes es a cada momento diferente.  Como si diablo y Dios se pelearan, uno atándome totalmente al resentimiento y la culpa, el otro liberándome totalmente e intentando hacer que siga adelante en mi búsqueda de la paz.  Tal vez madurar seria liberarse de ambos un día y escucharse apenas uno mismo.  Pero que seria de mí sin mi Diablo, y qué sería de mí sin Dios.  Y ahí llego al punto rutinario de mis escritos en que tal vez yo no existo, y he ahí una de las razones por las que me irrita tanto esa persona de la que  hablé, porque tal vez no quiero darme cuenta que soy yo la que no existe y que soy yo la que se  inventa  cada día.  Y si yo no existiese quien es entonces que escribe estas líneas:  Dios, el diablo…  los dos juntos tal vez,  peleándose por tomar la palabra, o mejor dicho… el diablo tomando siempre la primera palabra, y Dios aguardando un silencio para decir la verdad.


Tanta  teoría  complica  un poco, lo sé, a mí ya me dolió la cabeza.  Pero algo me dice que la búsqueda de uno mismo nos lleva a evolucionar, y en esa búsqueda, debemos estar dispuestos a encontrarnos con nuestros demonios y ángeles,  y que si no estamos dispuestos, jamás nos encontraremos.    Sé que está ahí,   mas  ahora puedo perdonarme, perdonar a ese demonio y dejarlo ir.  

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